El ransomware Wannacry le robó un código a la agencia de espionaje estadounidense NSA para ejecutarlo remotamente y extenderse por millones de equipos. Lo que demuestra que nadie escapa de los ciberdelincuentes, por mucho que el FBI se empeñe en decir lo contrario.
Seguramente recuerdes el conflicto que hace algo más de un año mantuvieron Apple y el FBI a cuentas de un iPhone propiedad de un terrorista islamista. Este criminal fue uno de lo que perpretó el atentado en la localidad californiana de San Bernardino, y el cuerpo de seguridad estuvo meses tras la firma tecnológica porque querían que les creara una puerta trasera para acceder al terminal y los datos contenidos en él.
Apple y el propio Cook siempre argumentaron que era un riesgo desarrollar un software que superara los mecanismos de seguridad de iOS, porque si caía en las manos equivocas, hubiera supuesto vía libre para que los cibercriminales infectaran miles o incluso millones de iPhones.
Ahora ha tenido que extender sus garras un virus masivo como WannaCry (un tipo de ransomware que ya lleva infectados más de 200,000 equipos de 170 países, entre ellos España) para darle la razón a los de Cupertino.
A tenor de lo que revelan varios informes, entre ellos de Microsoft, WannaCry se creó a partir de un código robado a la NSA (la agencia de espionaje estadounidense) por el grupo hacker Shadow Brokers, que lo ejecutaron de forma remota para infectar los equipos y secuestrarlos.
Desde Microsoft han acusado a la NSA pero también a los gobiernos de acumular ciberarmas y, al mismo tiempo, de no corregir sus vulnerabilidades de seguridad (como, por ejemplo, actualizando el sistema operativo a Windows 10).
Este ransomware tira por tierra el argumento que en su día empleó el FBI contra Apple, cuando afirmó que su versión adaptada de iOS nunca caería en manos de ciberdelincuentes. Si la NSA no ha escapado de sus garras, ¿por qué ellos sí?
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